
Cuando la querencia y
la nostalgia afloran
EN EL
RECUENTO DE LOS AÑOS
Un
casual encuentro con un amigo de colegio desencadena reflexiones a propósito de
los momentos compartidos en las aulas, las vivencias en el pueblo y la intensa
rememoración de hombres y mujeres que marcaron la formación de todos aquellos
que bebieron de la misma fuente, en esta semblanza, la invitación a aquel
reencuentro espera una respuesta…
Por: Junior Portella (*)
Hace ya meses atrás,
en medio de las calles ruidosas
del centro de Lima, caminaba apurado; entre
vendedores de marcianos, gaseosas y helados buscaba algo líquido para calmar la sed del insoportable verano, nada captaba mi atención hasta que de
pronto, una palmada sobre mi hombro me puso
alerta, pensé que se trataba de algún ladrón, por lo que reaccioné
bruscamente, pero grande fue mi sorpresa que al voltear el rostro vi a Juan, un
compañero de la secundaria, que venia siguiendo mis pasos desde cuadras atrás.
Al verlo, noté un gesto de felicidad en su rostro y aun asombrado por el encuentro lo saludé con
un gran abrazo...
- Junior, ¿Cómo has estado?- Me dijo.
-Bien mi querido amigo- respondí.
-ha pasado mucho tiempo desde que terminamos la secundaria... ¿Qué
sabes de todos los compañeros de la promoción? ¿Te comunicas con alguien?- me cuestionó, yo con solo mover la cabeza di una respuesta negativa a su pregunta y
entre tanto ruido nuestro casual encuentro se convirtió en una amena charla que culminó en un local cercano donde
compartimos una refrescante Cerveza.
Mientras se acababa la tarde, junto a Juan volvimos a recordar
esos tiempos donde inocentes corríamos por los pasillos de la escuela, años más
tarde jugábamos en el pequeño receso del
colegio, y poco tiempo después con lágrimas en los ojos nos despedíamos con un
hasta siempre el día de nuestra fiesta
de promoción.
Es triste ver a un
amigo después de tiempo y recordar con el esos momentos vividos, la casa, el
pueblo, la gente, las costumbres, los paseos y grandes aventuras pero sobre todo la amistad forjada en las aulas de
nuestro querido Amauta Atusparia que fue testigo de grandes e inocentes
travesuras donde conocimos a sabios maestros a quienes recordamos con cariño; a
ellos que hicieron que nuestra
permanencia en nuestra alma mater fuera no solo para aprender de libros y
grandes autores, sino también de grandes experiencias personales que nos a
servir para vivir nuestro futuro fuera de las aulas.
La preocupación de
nuestros padres también fue motivo de recuerdo, por mi parte la constancia de
mi madre y el sacrificio de mi padre hizo que aprendiera muchas cosas a los
cuales me encuentro eternamente agradecido, gracias a ellos soy lo que soy
ahora.
El inesperado encuentro me llenó de alegría,
sin embargo la rápida despedida fue emotiva ya que hacía mucho tiempo no veía a
este gran amigo, intercambiamos números de teléfono y direcciones de correo planeando así un pronto reencuentro
junto a los demás compañeros de promoción,
hasta la fecha, claro por diversas circunstancias, aún no hemos concretado la promesa de
reunirnos nuevamente pero no dudo que será pronto.
No sé si el colegio
es exactamente como lo recuerdo o si los profesores son aun tan buenos o tan
malos como quedaron en mi memoria; lo que si se es que lo más importante que
aprendí en esos días fue el valor de la amistad, los amigos siempre presentes
para bien o para mal, en la buenas y en las peores. Son ellos el recuerdo más
nítido de entonces. Amigos y Maestros: no importa lo lejos que estén siempre
los llevo con migo y sé que voy con ustedes porque en lo que somos hoy está
presente lo que fuimos entonces. A ustedes mis amigos del alma les doy gracias
por siempre porque hicieron que aquella época de caminar el mundo a corazón
abierto haya sido el mejor lugar para esperar la vida
(*) Articulo publicado en el pregonero 2013
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