EL PODER DE LA PALABRA
"Todos cometemos muchas faltas. ¿Quién, entonces, es una persona madura? Sólo quien es capaz de dominar su lengua y de dominarse a sí mismo". Santiago 3:2. La Biblia.
Por: Junior Portella
Donde la libertad de opinión y expresión dominan a diario nuestro vocabulario, me he puesto a pensar cuánto daño pueden hacer nuestros actos y sobre todo nuestras palabras dirigidas hacia alguien, sobre todo a una persona conocida.
Conozco a Alberto desde pequeño, a sus 20 años ha vivido muchas cosas, buenas, regulares y malas. Hijo de una familia acomodada, para buena o mala suerte el mayor de cuatro hermanos, mientras cursaba el colegio fue uno de los primeros alumnos de clase, tanto así que en todo campeonato de conocimientos, destacaba por su habilidad para resolver problemas de matemáticas, física, química. Al parecer una vida llena de alegrías y éxitos, pero había algo que lo tenía preocupado, como en todo lugar existía un grupo de personas que no se encontraban de acuerdo con sus logros, en cada premiación y reconocimiento mientras lo felicitaban se oía el murmurar de la gente que decía. -¿Cuál habrá sido la técnica para lograr ese resultado? ¿Cómo es que todos los años resalta solo él? ¿Acaso hay alguien que lo ayuda? – también se escuchaba. –Claro seguro su padre compró a los profesores, -El primo de su madre como es profesor seguramente ha intercedido por él. –
Muchos dicen que no se debe hacer caso de lo que la gente diga al final de cuentas uno no vive de ellos, pero si es tu propia familia quien duda de tu logros ¿acaso no hace daño? Esta era la situación de Alberto, sus padres vivían orgullosos de él, sin embargo sus familiares más cercanos se atrevían a ser parte de ese grupo de gente que solo buscaba desprestigiarlo, a su corta edad vivía confundido pero nunca se echó para atrás, culminó sus estudios secundarios y era hora de elegir una carrera universitaria.
Sus padres le dieron a elegir si continuar sus estudios en una preparatoria o ir directamente a una universidad particular; como aun tenía 16 optó por prepararse, pero no era suficiente para las personas que durante su etapa escolar obstaculizaban sus logros ya que aun dedicaban su “valioso tiempo” a dar consejos sobre lo que debía y no debía hacer, como Alberto y sus padres no hacían caso de esos “consejos” llegaron a crear historias sobre su vida en la preparatoria, de un buen estudiante él ahora era el alcohólico, vagabundo, mentiroso, delincuente, etc.; tanto influyo el comentario de sus familiares que en las dos oportunidades que logro ingresar a la universidad se vio obligado a retirarse de la carrera ya que según sus “familiares” no le convenía, pues sí, lograron truncar su carrera pero no lo detuvieron, ahora a sus 20 años esta a mediados de culminar sus estudios de ingeniería, sin hacer caso en lo que diga ahora la gente estudia en una de las mejores universidades del país, sus padres viven orgullosos, el también lo está, pero aun para ese grupo de gente “su familia” el sigue siendo el alcohólico, delincuente, vagabundo, etc.
A veces no nos damos cuenta del daño que pueden causar nuestras palabras, por más simples que sean nuestros comentarios quizá ellas puedan causar mucho daño, como dicen muchos sabios con miles de palabras puedes conquistar el corazón más duro pero con solo una palabra puedes destruir el corazón más noble... (Al que le caiga el guante que se lo chante)

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